Barbie tenía razón, pero crecimos y se complicó

Barbie tenía razón, pero crecimos y se complicó

No somos lo que hacemos

Cuando era niña, Barbie decía: “tú puedes ser lo que quieras ser”, y yo, que jugué tanto con barbies, crecí creyendo en esa idea… hasta que me di cuenta de que el mundo no está tan de acuerdo con eso, porque a medida que vamos creciendo, empieza a aparecer una pregunta que parece muy simple, pero que en realidad pesa montones: ¿Quién eres? Y casi siempre respondemos con lo que hacemos: soy abogada, soy médica, soy ingeniero, soy profesor; como si nuestra identidad pudiera resumirse en una profesión, o como si toda nuestra vida cupiera en una sola palabra.

Yo, soy abogada penalista, trabajo en derechos humanos, estudio todos los días, leo sentencias, asisto a audiencias, redacto conceptos jurídicos, y amo profundamente mi profesión; pero también, soy escritora, escribo poesía. Y cuando la gente escucha eso, muchas veces se sorprende, como si algo no encajara, como si hubiera algo raro en que alguien pueda ser fuerte y sensible al mismo tiempo, como si la profundidad no pudiera convivir con el carácter, como si una mujer que escribe sobre el alma no pudiera ejercer con firmeza el derecho penal.

Durante mucho tiempo pensé que el problema era ese, que tenía demasiadas versiones de mí y debía escoger una sola… pero después entendí que el problema es otro: el problema es que nos enseñaron a confundir lo que hacemos con lo que somos, nos enseñaron que la identidad es un título, un cargo, una profesión, una etiqueta que cabe en una sola línea; pero los seres humanos no somos una sola palabra. 

Y no entendí eso leyendo un libro, ni tampoco porque tenga una fórmula mágica para entender la vida -ojalá la tuviera-, pero sí es cierto que hay tres cosas que me han ayudado a tener una perspectiva más amplia de mí misma: la primera, ha sido empezar a hacer cosas que no encajaban con la idea que tenía de mí, y entonces, me permití escribir, así el mundo crea que una abogada penalista no tiene por qué estar escribiendo poesía. La segunda, ha sido comenzar a mostrar partes de mí que antes me guardaba, y ahora hablo de temas emocionales, espirituales y humanos, aunque mi mundo sea jurídico, técnico, y serio, muy serio. Y, por último, me he atrevido a hacer cosas antes de sentirme lista para hacerlas, cosas que antes no me imaginaba estar haciendo, y compartir estas reflexiones en voz alta y en público es ejemplo de ello. 

Y con todo esto, he entendido algo muy simple, pero profundamente poderoso: la identidad no se descubre pensando quién deberías ser, se descubre atreviéndote a hacer cosas que también son parte de ti, aunque no encajen con la palabra con la que te has definido toda la vida.

Yo, soy abogada, pero no soy solo abogada; también soy escritora, pero no soy solo escritora: soy una mujer que duda, que se equivoca, que se cae y se vuelve a levantar, una mujer espiritual y también sensual; una mujer que ama la paz y la calma, pero disfruta mucho la fiesta; una mujer disciplinada y que, de la misma manera, se goza mucho la vida; y sí, soy una mujer que tiene un carácter muy fuerte, y al mismo tiempo, es profundamente sensible. Y entendí que no tengo que escoger una sola de estas versiones para ser válida.

Por eso hoy, cuando recuerdo esa frase que escuchaba de niña, ya no la entiendo igual. Barbie decía: “tú puedes ser lo que quieras ser”, y sí, estoy completamente de acuerdo con ello, pero hoy creo que hay algo más… antes de descubrir quiénes podríamos llegar a ser, deberíamos tener el valor de descubrir quiénes somos hoy y partir desde allí.

Así que ojalá que la próxima vez que te pregunten quién eres, tengas la absoluta certeza de que la respuesta es muchísimo más que una sola palabra.